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Sequía y clima

El agua que no se ve: cómo se recarga un acuífero

Un acuífero no es un lago bajo tierra: es agua guardada entre arenas y gravas, que tarda años en reponerse. Por qué la lluvia de octubre ayudó poco y qué se puede hacer para que entre más.

Agroin Chile4 de noviembre de 20265 min de lectura
Imagen ilustrativa: un pozo de riego que llena un estanque entre frutales, en un valle de Chile central.

En las dos primeras entregas de esta serie seguimos el agua que se ve: la nieve, los ríos, los embalses y los canales. Esta vez toca la que no se ve. Bajo los valles de Chile hay una reserva enorme, la que sacan los pozos, y es la que más tarda en recuperarse después de una sequía. Entender cómo se llena ayuda a entender por qué un octubre récord no alcanza.

Un acuífero no es un lago bajo tierra

Cuando se habla de agua subterránea es fácil imaginar un lago escondido en una caverna. Casi nunca es así. Un acuífero es una capa de arena, grava o roca fracturada con los espacios entre sus granos llenos de agua, como una esponja enterrada. El agua está repartida en millones de huecos pequeños y se mueve despacio, mucho más lento que en un río.

Un pozo es un agujero que llega hasta esa capa. El nivel al que aparece el agua dentro del pozo, la napa, sube cuando el acuífero recibe más de lo que se saca y baja cuando se saca más de lo que recibe.

Cómo entra el agua

El agua llega al acuífero desde arriba. Una parte de la lluvia y de la nieve derretida se infiltra en el suelo y baja hasta la napa. Otra parte importante entra por el lecho de los ríos y de los canales: el agua que se pierde por el fondo de un canal de tierra no desaparece, baja hacia el acuífero.

Cuánta agua alcanza a entrar depende de cómo cae y del suelo que la recibe.

Ilustración de un corte del suelo: la lluvia, un canal de tierra y el río recargan el acuífero de arena y grava, donde llega un pozo

Ilustración: así entra el agua al acuífero, desde la lluvia, los canales y el lecho del río. Ulrike Broschek, de Fundación Chile, lo explicó así a propósito de octubre: cuando la lluvia es muy intensa, el agua «no alcanza a infiltrarse para recuperar nuestras reservas subterráneas». Un suelo erosionado, sin vegetación, absorbe todavía menos. Y donde la ciudad pavimentó el terreno, la recarga baja: un análisis de la cuenca del Maipo citado por la misma fundación encontró «menor recarga» en las zonas que la urbanización impermeabilizó.

Por eso el lunes 26, cuando la quebrada Honda volvió a desbordarse en Las Condes, buena parte del agua de la tormenta terminó en las calles y en el río, no bajo tierra.

Semanas para un embalse, años para un acuífero

Un embalse puede llenarse en un par de semanas de lluvia. Un acuífero no. Según Broschek, muchas de nuestras reservas subterráneas se acumularon «durante cientos o miles de años» y «no se recuperan con un solo año lluvioso». Durante la megasequía se sacó de ellas más de lo que entraba, y esa deuda no se paga en una temporada.

Eso explica una paradoja que contamos en Embalses llenos en 2026: por qué la lluvia no cambia tu derecho: las provincias de Elqui, Limarí y Choapa siguen con decreto de escasez hasta julio de 2027, aunque sus embalses estén vertiendo. Ya en 2020, un estudio del Centro de Investigación y Transferencia de Riego de la Universidad de Talca planteaba que la sequía de la zona central solo se podría dar por superada con varios años seguidos de lluvias sobre lo normal, con los embalses altos y las napas recargándose.

Lo positivo: la recarga se puede ayudar

La buena noticia es que no hay que esperar sentado. Hay formas de ayudar a que el agua de lluvia se quede y se infiltre, y la ley las reconoce.

En el campo, se trata de frenar el agua para que tenga tiempo de entrar al suelo. En María Pinto y Curacaví, el programa Escenarios Hídricos 2030 de Fundación Chile trabaja con zanjas de infiltración, microterrazas y fajinas, obras simples que, según la fundación, «ayudan a conservar el agua en el terreno».

El Código de Aguas, desde la reforma de 2022, tiene un artículo dedicado a esto, el 66 bis: cualquier persona puede ejecutar obras para recargar artificialmente un acuífero, con un informe favorable de la Dirección General de Aguas (DGA) sobre el consumo humano y la calidad del agua. Ese informe no se exige para la recarga con aguas lluvias, que la ley considera recarga natural. Y quien tiene un derecho y hace las obras puede pedirle a la DGA que le autorice a usar la mayor parte del agua que recargó, descontando las pérdidas y cuidando la sustentabilidad del acuífero y los derechos de terceros.

También hay financiamiento. Como contamos hace unos días, el concurso de Soluciones Basadas en la Naturaleza de la Comisión Nacional de Riego bonifica hasta el 95 % del costo de obras como las de recarga natural de acuíferos.

Y un derecho de pozo, ¿qué tiene que ver?

Un derecho de aguas subterráneas dice cuántos litros por segundo se pueden sacar de un pozo. Pero, como vimos en la entrega anterior con los ríos, el papel es un máximo, no una garantía. Si la napa baja, el pozo rinde menos o hay que profundizarlo, aunque el título diga exactamente lo mismo. Cuidar la recarga del acuífero es, en el fondo, cuidar lo que vale ese derecho.

La próxima entrega de El viaje del agua sale del subsuelo y sube a la quebrada Honda: qué pasó el 8 de octubre y qué puede hacer la naturaleza para frenar un aluvión. Si tienes un pozo o un derecho subterráneo y quieres saber en qué pie está, conversa con el equipo de Agroin.

La foto de portada es una imagen ilustrativa, generada con inteligencia artificial.

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