Sequía y clima
Llovió como nunca en octubre: ¿adónde se fue esa agua?
Santiago tuvo su octubre más lluvioso desde que hay registros. Para entender qué queda de esa lluvia hay que seguirle la pista por la cuenca: de la nieve al río y del río al acuífero.

Octubre de 2026 va a quedar en los registros. La estación Quinta Normal, la oficial de Santiago, sumó 108 milímetros en la primera mitad del mes, según la Dirección Meteorológica de Chile: el octubre más lluvioso desde que hay mediciones. Hubo un aluvión en Las Condes, granizo sobre los cerezos de O'Higgins y otro sistema frontal esta semana.
La pregunta sale sola: con tanta lluvia, ¿se acabó la sequía? No del todo. Una parte grande de esa agua ya va camino al mar. La que se quedó lo hizo en dos lugares que trabajan a ritmos muy distintos: los embalses, que se llenan en días, y los acuíferos, que tardan años. Para entender por qué, hay que seguirle la pista al agua por la cuenca.
Una cuenca es todo lo que escurre hacia el mismo río
Una cuenca es el territorio completo cuyas aguas terminan en un mismo río: las cumbres, las laderas, las quebradas, los valles y los canales. La del río Rapel, en O'Higgins, la forman dos ríos que bajan de la cordillera, el Cachapoal y el Tinguiririca, que se juntan en el embalse Rapel antes de llegar al mar.
Lo que cae dentro de esa línea de cumbres, sea lluvia o nieve, se reparte por tres caminos. Una parte escurre por la superficie hacia el río. Otra se infiltra en el suelo. Y otra vuelve al aire, por evaporación y a través de las plantas. Cuánta agua toma cada camino depende de cómo cae y de cómo está el suelo que la recibe.

Ilustración: así se reparte el agua en una cuenca, de la nieve al acuífero.
La nieve es el embalse que no se ve
En la zona central, la cordillera funciona como un embalse natural. La nieve que cae en invierno se guarda en las alturas y se derrite de a poco en primavera y verano, justo cuando el campo más riega. Por eso los ríos de la zona central crecen en noviembre y diciembre, cuando ya casi no llueve.
Este año esa reserva está bien. Según el boletín de la Dirección General de Aguas (DGA) del 13 de octubre, el manto de nieve promediaba 192 centímetros de altura, contra 99 de un año normal: un 93 % más. No es parejo en todo el país: hacia el sur, en estaciones del Maule y del Biobío, hay déficit.
En octubre llovió donde normalmente nieva
El 8 de octubre, la isoterma de cero grados, que es la altura sobre la cual el agua cae como nieve, estaba cerca de los 2.800 metros. Lo dice el análisis que publicaron científicos de la Universidad de Chile sobre el aluvión de la quebrada Honda. En buena parte de la precordillera llovió en vez de nevar.
La diferencia importa. La nieve se queda arriba y entrega el agua despacio. La lluvia baja en horas. En el oriente de Santiago cayeron 20 milímetros en una hora, una intensidad que, según ese mismo análisis, se da menos de una vez cada 50 años. Ningún suelo alcanza a absorber tanta agua tan rápido: el resto corre por las quebradas, hace crecer los ríos y en pocos días está en el mar.
Ulrike Broschek, de Fundación Chile, lo resumió así: «Tener más lluvia en pocos días no significa tener más agua disponible».
Lo que sí se quedó: embalses mejor que en años
Una parte importante sí se guardó. Al 13 de octubre, los 25 embalses que sigue la DGA en nueve regiones tenían 7.609 millones de metros cúbicos, un 26,8 % más que hace un año. En O'Higgins, Convento Viejo estaba al 93 % de su capacidad y el embalse Rapel al 87 %.
Hay un dato que sorprende. En O'Higgins el año no fue extraordinario en lluvia: a esa fecha, San Fernando llevaba un 2,3 % sobre lo normal y La Rufina un 6,3 % bajo lo normal. El récord fue de Santiago. La cuenca del Rapel tuvo un año de lluvia cercano a lo habitual, con una cordillera muy cargada de nieve.
El agua que no se ve va más lento
Bajo los valles hay otra reserva: los acuíferos. Son el agua guardada entre arenas y gravas, la misma que sacan los pozos. Se recargan sobre todo por el lecho de los ríos y los canales, y por el agua que logra infiltrarse en el suelo. Es un proceso lento. Un invierno lluvioso llena los embalses en semanas, pero un acuífero tarda años en recuperarse. Por eso, como contamos en Embalses llenos en 2026: por qué la lluvia no cambia tu derecho, las provincias de Elqui, Limarí y Choapa siguen con decreto de escasez hasta julio de 2027, aunque tengan embalses vertiendo. Y por eso un solo año bueno no alcanza: se necesitan varios años seguidos con lluvia. De eso trata la tercera entrega de esta serie.
Y un derecho de agua, ¿qué tiene que ver?
Un derecho de agua está escrito en litros por segundo, pero el agua que de verdad llega depende de lo que traiga el río. Un año con embalses llenos y nieve en la cordillera suele traer una temporada de riego con menos recortes. Lo que la lluvia no cambia es el papel: el título, las obras y los antecedentes siguen igual que antes.
La próxima entrega de El viaje del agua cuenta qué cambia y qué no para un derecho en un año así, y por qué no todos los derechos reciben agua al mismo tiempo. Si tienes un derecho en la cuenca del Rapel y quieres saber qué significa este año para el tuyo, conversa con el equipo de Agroin: conocemos cómo se reparte el agua en los canales del Cachapoal y el Tinguiririca, y qué mirar antes de contar con ella.
La foto de portada es una imagen ilustrativa, generada con inteligencia artificial.
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